Los algoritmos no nos entienden realmente, pero los datos confieren poder, sobre todo en grandes cantidades. Si a muchas otras personas a las que les gustó la misma comida que a nosotros les desagrada ver imágenes de un candidato enmarcadas en color rosa en lugar de en azul, probablemente a nosotros también, y no hace falta que nadie sepa por qué es así. Las estadísticas son fiables, pero solo como autómatas idiotas. ¿Estamos tristes, nos sentimos solos o asustados? ¿Alegres, confiados?
¿Tenemos la regla? ¿Estamos experimentando un pico de ansiedad laboral?
Supuestos anunciantes pueden aprovechar el momento en que estamos perfectamente predispuestos para influir en nosotros con mensajes que han funcionado en otras personas con las que compartimos rasgos y situaciones. Digo «supuestos» porque no está bien llamar publicidad a la manipulación directa de las personas. Antes los anunciantes tenían contadas ocasiones para intentar vender sus productos, y ese intento podía ser subrepticio o molesto, pero era pasajero. Además, muchísima gente veía el mismo anuncio en televisión o en prensa: no estaba adaptado a cada individuo. La mayor diferencia era que no se nos monitorizaba y evaluaba continuamente para poder enviarnos estímulos optimizados de forma dinámica —ya fuesen «contenidos» o anuncios— para captarnos y alterarnos.
Ahora todo aquel que está presente en las redes sociales recibe estímulos que se ajustan de manera individual y continua, sin descanso, siempre que se use el teléfono móvil. Lo que en otra época podría haberse llamado «publicidad» ahora debe entenderse como modificación continua de la conducta a una escala colosal.
Por favor, no te ofendas. Sí, estoy sugiriendo que podrías estar convirtiéndote, un poquito, en un perro adiestrado, o en algo menos simpático, como una rata de laboratorio o un robot. Que clientes de grandes empresas te están controlando a distancia, un poquito. Pero, si estoy en lo cierto, tomar conciencia de ello podría liberarte. Así que... ¿por qué no me das una oportunidad?
Antes de que se inventasen los ordenadores, surgió un movimiento científico llamado «conductismo». Los conductistas estudiaban maneras nuevas, más metódicas, asépticas y sesudas, de adiestrar a los animales y a los humanos.
Un célebre conductista fue B. F. Skinner, quien ideó un sistema conocido como «caja de Skinner», donde encerraba animales que recibían recompensas cuando hacían algo en particular. No había nadie acariciando o susurrando al animal, sino solo una acción aislada puramente mecánica: una nueva forma de adiestramiento para la época moderna. Diversos conductistas, muchos de los cuales eran bastante siniestros, aplicaron este método en personas. Las estrategias conductistas a menudo lograban resultados, lo que hizo que todo el mundo se pusiese de los nervios, y acabaron dando lugar a numerosos guiones de películas de ciencia ficción y de terror sobre «control mental» de lo más inquietantes.
Una circunstancia desafortunada es que se puede adiestrar a alguien usando técnicas conductistas y que la persona ni siquiera sea consciente de ello. Hasta hace muy poco tiempo, esto sucedía muy rara vez: únicamente si uno aceptaba someterse a pruebas experimentales en el sótano de la facultad de Psicología de alguna universidad. En ese caso, entraba en una sala donde se le realizaban las pruebas mientras alguien lo observaba a través de un espejo unidireccional. Aunque el sujeto sabía que se estaba llevando a cabo un experimento, ignoraba cómo estaba siendo manipulado. Al menos, uno daba su consentimiento para que lo manipulasen de alguna forma. (Bueno, no siempre. Se llevó a cabo toda clase de crueles experimentos con prisioneros, pobres y, sobre todo, con gente de determinadas razas.)
Este libro argumenta de diez maneras que lo que de pronto se ha convertido en algo normal —la vigilancia generalizada y la manipulación sutil y constante— es inmoral, cruel, peligroso e inhumano. ¿Peligroso? Desde luego. Porque ¿quién sabe quién podría usar ese poder, y para qué?
EL CIENTÍFICO LOCO SE PREOCUPA POR EL PERRO ENJAULADO
Quizá hayas oído las quejumbrosas confesiones de los fundadores de imperios basados en redes sociales, que yo prefiero llamar «imperios de modificación de la conducta».
Esto es lo que dice Sean Parker, el primer presidente de Facebook:
Tenemos que proporcionarle como un pequeño chute de dopamina cada cierto tiempo, porque alguien le ha dado a «me gusta» o comentó una foto, una publicación o lo que sea [...]. Es un bucle de retroalimentación de validación social [...], exactamente una de esas cosas que inventaría un hacker como yo para explotar un punto débil en la psicología humana [...]. Los inventores, los creadores —alguien como yo, Mark [Zuckerberg], Kevin Systrom de Instagram, toda esa gente—, lo entendíamos de manera consciente. Y, aun así, lo hicimos [...]. Cambia literalmente la relación de la persona con la sociedad, con los demás [...]. Probablemente interfiera en la productividad de formas inesperadas. A saber lo que está haciendo en los cerebros de nuestros hijos.[1]
Y esto, lo que afirma Chamath Palihapitiya, exvicepresidente de crecimiento de usuarios en Facebook:
A corto plazo, los bucles de retroalimentación a base de dopamina que hemos creado están destruyendo la manera en que funciona la sociedad [...]. Ni debate público civilizado ni cooperación: desinformación, afirmaciones engañosas. Y no se trata de un problema estadounidense, no tiene nada que ver con la publicidad rusa. Es un problema global [...]. Siento una tremenda culpabilidad. Creo que, en el fondo, todos lo sabíamos, aunque fingíamos que nos creíamos la idea esta de que probablemente no habría consecuencias imprevistas negativas. Pienso que, en el fondo, en lo más profundo, sabíamos que algo malo podía ocurrir [...]. Así que, en mi opinión, la situación ahora mismo es realmente nefasta. Está erosionando los cimientos de cómo se comportan las personas entre sí. Y no tengo una buena solución. Mi solución es que he dejado de usar esas herramientas. Hace ya años.[2]
Más vale tarde que nunca. Muchos críticos como yo llevamos ya mucho tiempo avisando de que estaba sucediendo algo malo, pero el hecho de escucharlo de quienes lo hicieron supone un avance, un paso adelante.
Durante años tuve que soportar dolorosas críticas de amigos de Silicon Valley que me veían como un traidor por criticar lo que estaban haciendo. Últimamente tengo el problema contrario. Explico que, por lo general, la gente de Silicon Valley es decente, y pido que no se les convierta en villanos. Y decir eso me cuesta muchas críticas. Es difícil saber si soy demasiado duro o demasiado blando con mis colegas.
La cuestión más importante es si todas estas críticas tendrán alguna repercusión. Lo que innegablemente forma parte ya del debate público es que una mala tecnología nos está haciendo daño, pero ¿seremos capaces —lo serás tú— de resistir y contribuir a conducir el mundo hacia un lugar mejor?
Compañías como Facebook, Google y Twitter están intentando por fin arreglar algunos de los enormes problemas que han creado, aunque muy poco a poco. ¿Se debe esto a la presión que se ejerce sobre ellos o a que consideran que es lo que deben hacer? Probablemente, un poco de cada.
Las empresas están cambiando sus políticas, contratando a personas para supervisar lo que sucede y a científicos de datos para desarrollar algoritmos que eviten los peores errores. El antiguo lema de Facebook era «Muévete rápido y rompe cosas»,[3] y ahora están ideando lemas mejores y recogiendo unos cuantos de los pedazos de un mundo roto para volverlos a pegar.
Este libro sostiene que lo que hagan las compañías por sí solas no bastará para recomponer el mundo.
Como la gente de Silicon Valley está mostrando remordimientos, cabría pensar que ahora solo hay que esperar a que solucionen el problema. Pero las cosas no funcionan así. Si no formas parte de la solución, no habrá solución.
Esta primera razón expondrá unos cuantos conceptos clave en los que se basa el diseño de adictivos y manipuladores servicios en red. La concienciación es el primer paso hacia la libertad.
1: Porque ya estamos acostumbrados a la tecnología y al mundo de hoy, ya que nos facilita en algunas cosas por ejemplo investigar por internet y ya no tener que ir a bibliotecas y mantenerse informada de lo que pasa día a día de manera mas rápida.
ResponderEliminar2: En las redes sociales siempre uno van a tener reacciones sobre publicaciones y videos que suceden, pero si hemos cambiado nuestra conducta con todo lo que aprendemos de ello, formas de hablar, dé pensar, etc.
Cedeño Romero Michelle Katherine
ResponderEliminar1) Porque nos estamos acostumbrando a una vida artificial donde reemplazamos a personas que estan cerca por personas que jamás hemos visto y se convierte en una adicción. Nosotros no controlamos a las redes sociales, las redes sociales nos controlan a nosotros
2) Las redes sociales modifican las conductas usando un punto débil de la psicología humana, porque cambia lentamente nuestras relaciones con el mundo. Ya qur su integración en todo ambito3de la vida cotidiana hace que la población, especialmente los jóvenes dejen de lado otras actividades importantes.
1.- Porque nosotros los adolescentes cada vez priorizamos más las nuevas tecnologías para comunicarse con amigos y conocidos es algo que nos facilita para comunicarnos con nuestros familiares aparte de una comunicación también podemos tener el acceso de una información rápida, nos impulsa a un emprendimiento, etc.
ResponderEliminar2.- En las redes social podemos tener diferentes tipos de reacción ya sea por el tipo de publicación que mucho de nosotros los jóvenes hacemos y por ellos tenemos un cambio de conducta pero por otro lado es beneficioso por el conocimiento que tenemos cada dia.
1). Porque para nosotros ya es algo normal el tener estás redes sociales, ya que son maneras con la que nos podemos contactar con nuestros conocidos y el saber que otros utilizan estás redes sociales nos incita a a querer utilizarlas
ResponderEliminar2).En las redes sociales somos uno y fuera de ellas somos otros, en las redes podemos chatear sin ningún problema pero cuando estamos frente a frente las palabras y los temas de conversación son muy escasos.
1.Por que las redes sociales no solo sirven para compartir fotos o dejar comentarios. Son una gran fuente de información que nos permiten seguir aprendiendo en nuestro ámbito profesional, participar en algún tema de debate e incluso encontrar oportunidades profesionales que pueden cambiar el futuro de nuestra carrera.
ResponderEliminar2. Las redes sociales han afectado directamente a nuestro entorno social, tanto en la forma de relacionarnos como en nuestra forma de conocer personas.
1: las redes social de ha hecho muy esencial en el ámbito laboral y personal
ResponderEliminarTambien nos serví para buscar información q nos permite seguir entendiendo las materias.
2:pues las redes sociales han afectado más a la nueva generación
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