Clases Presenciales 2A-2B-2Electricidad-2Contabilidad-2Gestión


ACTIVIDAD DE LA SEMANA 

Del 13 al 17 de diciembre del 2021

Actividades:

1) Leer y comprender la siguiente cita y llevarla escrita al aula: 


La democracia es querer tratar al otro como semejante y negar la desigualdad entre él y yo; es partir de un principio según el cual los seres humanos tienen algo esencial en común.
    

Dauve Giller y Nesic Karl


2) Leer con reflexión y crítica el siguiente texto. Sacar las ideas principales y escribirlas en el cuaderno y llevarlo al aula.


Giovanni Sartori 


1. IDÉNTICO YJUSTO

¿Igualdad o igualdades? En singular la igualdad es una ideaprotesta. El mundo tal como lo conocemos es desigual y se estructura «naturalmente» en desigualdades. La igualdad como idea-protesta se opone a ese funcionamiento por inercia, «desnaturaliza» la naturaleza. La igualdad en singular es el símbolo de la rebelión contra las cristalizaciones jerárquicas, las desigualdades fortuitas, los privilegios, las desventajas o ventajas de nacimiento. Rousseau escribía: «Precisamente porque la fuer]a de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, la fuer]a de la legislación debe tender siempre a mantenerla». Completemos a la inversa: precisamente porque la fuerza de las cosas tiende siempre a generar desigualdad, la fuerza de la legislación debe tender siempre a destruirla.

Por otra parte, la igualdad en singular también es la búsqueda de la «verdadera Igualdad». Y aquí me echo para atrás: no tengo ni idea de lo que es. A propósito de la «verdadera Libertad». he señalado que se trata de una noción filosófica o metafísica que no afecta a la libertad política; pero he admitido que las libertades en plural se pueden reconducir a una idea común de fondo: la libertad como elección, como estado o capacidad de elegir. Pero en materia de igualdad no sabría desarrollar un discurso análogo. Tal vez la explicación sea ésta: que la igualdad es un concepto constitutivamente bicéfalo, con dos cabe]as.

A  la  pregunta  «¿qué  es  igual?»  puedo  responder,  por  ejemplo, señalando dos bolas de billar y diciendo: éstas son iguales. Aquí igual significa idéntico. Pero el problema de la igualdad entre los seres humanos es un problema de justicia. Aquí igual entra en la definición misma de lo que es justo.    Aristóteles   lo   apuntaba   con   lúcida   concisión:   «Injusticia es desigualdad, justicia  es igualdad» (Ética nicomaquea, 1131a). Está claro que identidad —igual en el sentido de idéntico— y justicia —igual en el sentido de justo—  son conceptos totalmente diferentes. Pero al discutir sobre la igualdad siempre llega un momento en el que los dos se enredan. Lo que hace que el concepto de igualdad sea el concepto más difícil de la política. La igualdad es fácil (de entender) para quien la considera pura y simple identidad; pero es muy difícil para quien aspira a lo justo  en lo idéntico y/o a lo idéntico en lo justo.

Entonces, ¿singular o plural? Mientras no salgamos de la ideaprotesta está bien en singular. Pero en cuanto llegamos a la igualdad como idea- propuesta, entonces el problema sólo se puede tratar en términos de igualdades en plural.


3) Observar el siguiente video y saque las ideas principales de este en su cuaderno y llevar a clases.



4) Realice las siguientes actividades:

  • A las ideas que sacaron de la lectura poner un número, por ejemplo: 

1) La autonomía (y equivalentes) no es una libertad que «supera» la libertad como no impedimento; 

2).........

3)..........

..y así con todas las demás ideas que sacaron.


  • Haga lo mismo con las ideas principales del video.

NOTA: Llevar todo lo que se les pide en su cuaderno y traer una hoja a cuadros, como les solicite en la clase, para hacer su taller en el colegio. 


LECTURA DE LA SEMANA 

Del 06 al 10 de diciembre del 2021

Actividades:

1) Leer con reflexión y crítica el texto de Chang Ha Joon. 

2) Escribir en su cuaderno las ideas principales del texto. NO EL RESUMEN, las ideas principales.

3) Escribir en su cuaderno los conceptos más relevantes de la lectura que les permitirá entender la realidad.

4) Llevar las ideas principales y los conceptos del texto y sus inquietudes al aula la esta semana.



SEÑORAS Y SEÑORES, LA LAVADORA



 Al margen de los cambios en el precio relativo de la «gente» y de las «cosas», la cuestión es que el porcentaje del servicio doméstico dentro de la mano de obra no habría bajado tan drásticamente como lo ha hecho en los países ricos durante el último siglo sin la aparición de una serie de tecnologías para el hogar que yo he sintetizado en la lavadora. Por muy caro que sea (en términos relativos) contratar a personas capaces de lavar la ropa, limpiar la casa, calentarla, cocinar y fregar los platos, seguiría siendo necesario contratarlas si no se pudiera hacer lo mismo con máquinas. La otra posibilidad sería pasarse horas haciéndolo uno mismo.

Las lavadoras han ahorrado muchísimo tiempo. No es fácil encontrar datos, pero, según un estudio realizado a mediados de la década de 1940 por la US Rural Electrification Authority, la introducción de la lavadora y la plancha eléctricas reducía en un factor próximo a 6 el tiempo necesario para lavar una carga de ropa sucia de 17 kilos (de 4 horas a 41 minutos), y en un factor de más de 2,5 el tiempo que se tardaba en planchar la misma ropa (de 4,5 horas a 1,75 horas).2 Gracias al agua corriente, las mujeres no tienen que pasarse horas yendo a buscar agua (actividad que en algunos países en vías de desarrollo, según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, ocupa hasta dos horas al día). Las aspiradoras nos permiten limpiar más a fondo nuestras casas en una pequeña porción del tiempo que se necesitaba antiguamente, cuando había que hacerlo con escobas y trapos. Las cocinas de gas o eléctricas y la calefacción central han reducido mucho el tiempo necesario para recoger leña, encender fuego para calentar la casa y cocinar, mantenerlo y limpiar los restos. Hoy en día, en los países ricos mucha gente tiene hasta lavavajillas, electrodoméstico cuyo (futuro) inventor, un tal I. M. Rubinow, empleado del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, dijo en un artículo de 1906 publicado en el Journal of Political Economy que sería «un auténtico benefactor de la humanidad».

La aparición de los electrodomésticos, y la de la electricidad, el agua corriente y el gas ciudad, ha transformado por completo la forma de vivir de las mujeres, y por consiguiente la de los hombres. Gracias a ellos pueden incorporarse muchas más mujeres al mercado de trabajo. En Estados Unidos, por ejemplo, el porcentaje de mujeres blancas casadas y en su madurez laboral (35-44 años) que trabajan fuera de casa pasó de una cifra muy exigua a finales de la década de 1890 a casi el 80 por ciento en nuestros días.3 También ha cambiado drásticamente la estructura ocupacional femenina, posibilitando que la sociedad pueda seguir adelante sin tanta gente activa en el servicio doméstico; en la década de 1870, por ejemplo, casi el 50 por ciento de las empleadas estadounidenses trabajaban como «criadas y camareras» (es de suponer que la mayoría eran criadas más que camareras, ya que entonces comer fuera de casa aún no era un gran negocio).4 No se puede negar que la mayor participación femenina en el mercado laboral ha elevado el estatus de la mujer en casa y en la sociedad, con lo que también se ha reducido la preferencia por los hijos varones y ha aumentado la inversión en la educación femenina, lo cual aumenta todavía más la participación de la mujer en el mercado laboral… Hasta las mujeres instruidas que acaban optando por ser amas de casa y madres tienen un estatus más elevado dentro de sus hogares, porque están en situación de formular amenazas creíbles en el sentido de que, si decidieran dejar a sus parejas, podrían mantenerse por sí solas. La oportunidad de trabajar fuera de casa ha aumentado el coste de oportunidad de los hijos, y actualmente las familias tienen menos. Todo ello ha modificado la dinámica familiar tradicional, y conforma un conjunto de cambios muy potentes.

No estoy diciendo que los cambios se deban única o predominantemente a las novedades en la tecnología doméstica. La «píldora» y otros anticonceptivos han influido mucho en la instrucción de las mujeres y su participación en el mercado laboral, permitiendo que controlen el momento y la frecuencia con que dan a luz. También existen causas no tecnológicas. Dos países con la misma tecnología doméstica pueden presentar índices distintos de mano de obra femenina y estructuras ocupacionales diferentes, en función de aspectos como las convenciones sociales sobre lo aceptable que es que trabajen las mujeres de clase media (las pobres siempre han trabajado), los incentivos fiscales al trabajo remunerado y a la cría de los hijos, y la disponibilidad de guarderías. Dicho todo ello, sin embargo, sigue siendo verdad que sin la lavadora (y otros inventos domésticos que ahorran trabajo) los cambios en el papel de las mujeres dentro de la sociedad y en la dinámica de las familias no habrían sido ni de lejos tan drásticos.

LECTURA DE LA SEMANA 

Del 15 al 19 de noviembre del 2021

Actividades:

1) Leer con reflexión y crítica el texto de Noelia Ramírez. 

2) Escribir en su cuaderno las ideas principales del texto. NO EL RESUMEN, las ideas principales.

3) Escribir en su cuaderno los conceptos más relevantes de la lectura que les permitirá entender la realidad.

4) Llevar las ideas principales y los conceptos del texto y sus inquietudes al aula la próxima semana.


La falacia de pensar que la aspiradora hizo más fácil la vida de las mujeres

Desde su origen a su evolución en la domótica y economía digital, su diseño sigue presuponiendo el 'amor' y el tiempo que las mujeres dedican al cuidado de la casa.

NOELIA RAMÍREZ

Foto: Collage de Ana Regina García a partir de imágenes de Getty 

En 1928 Eleanor Roosevelt tuvo que lidiar con una «great resignation» de lo más particular. Si en 2021 nos asaltan reportajes sobre por qué nadie quiere ser camionero o camarero, hace casi un siglo, la que estaba llamada a ser la primera dama estadounidense fue la encargada de mediar frente a lo que se etiquetó como el «servant problem» o el problema de las sirvientas. Un fenómeno social de debate nacional sobre por qué las trabajadoras del servicio doméstico estadounidense, en su mayoría afrodescendientes, estaban renunciando a las condiciones que les imponían las señoras de la casa. Organizadas en el bloque que se denominó como Consejo Nacional de Empleo Doméstico (National Council on Household Employment, NHCE por sus siglas en inglés), las trabajadoras domésticas se aliaron con activistas laborales y expertos en eficiencia para reunirse Roosevelt y tratar de resolver la repentina ‘revuelta de las criadas’. El «problema» en realidad era que las mujeres ricas querían mano de obra de confianza, barata y siempre disponible a su servicio, pero las mujeres más pobres que ejercían ese empleo estaban cansadas de serlo y de ser tratadas como esclavas. La conclusión de aquel encuentro fue que el servicio doméstico no solo se rebelaba por los bajo salarios y las horas ilimitadas de disposición, sino que llamarlas así, «sirvientas», también era alienante a su condición humana.


Esta anécdota la recogía recientemente la podcaster Avery Trufelman en el episodio dedicado a la historia del aspirador en la segunda temporada de Nice Try, dedicada a los objetos que habitan en el interior de nuestros hogares y cómo esos productos de estilo de vida que nos han vendido una y otra vez se han fomentado «en unas promesas de superación personal que nos hicieron, mantuvieron y rompieron». Si Trufelman hablaba del «problema de las sirvientas» a raíz de la historia de un electrodoméstico que se inventó a principios del siglo XX fue porque el problema de las trabajadoras domésticas, ese que apelaba a las condiciones laborales de las mujeres pobres, se dio, casualmente, cuando se estandarizó el uso de los electrodomésticos, como el aspirador o el lavavajillas, en los hogares estadounidenses. Porque el aspirador se vendió bajo la fantasía de perpetuar la explotación de las mujeres ricas sobre las más pobres. Porque el electrodoméstico que empezó vendiéndose «como una criada más dentro de casa», no ha evolucionado tan bien como quisimos creer: su diseño y estrategia, también en la invasión de la domótica y la economía digital del hogar, ha acabado enraizando (que no solucionando) la brecha de género, la doble carga laboral y la discriminación de las mujeres.


Otra criada en la casa. Anuncio vintage de un aspirador

¿Su revolución? Cimentar el rol del ama de casa moderna


Históricamente, los dispositivos electrónicos que han defendido estar diseñados para ahorrar tiempo de trabajo han acabado imponiendo mayores exigencias sobre el tiempo que las mujeres dedican al hogar. Así lo llevan analizando y probando desde hace más de medio siglo diversas teóricas e historiadoras del género. Ya en los 80 lo analizó ampliamente la historiadora Ruth Schwhartz Cogan en su More work for mother: the ironies of household technology from open hearth to the microwave, todo un tratado de investigación que se llevó premios y con el que esta académica quiso probar que la revolución de la lavadora y el pequeño electrodoméstico, la de la inmersión de la tecnología en nuestros hogares, fue, en realidad, «la de la creación de la figura del ama de casa moderna». Cowan explica en el libro cómo las comodidades modernas (como las lavadoras o las aspiradoras) prometieron al principio ofrecer a las mujeres de clase trabajadora estándares de comodidad de la clase media. Con el tiempo, lo que quedó claro es que estos artilugios reemplazaban principalmente el trabajo que antes realizaban sirvientes (o esclavos que eran niños y hombres en otras épocas históricas) y que, en lugar de vivir una vida de ocio, las mujeres de clase media se encontraron luchando por mantenerse al día y cumplir con estándares de limpieza cada vez más altos.

Schwartz sostuvo que la mujer que había ingresado en la fuerza laboral en los 70, la que también trabajaba fuera de casa, pasaba tanto tiempo haciendo las tareas del hogar como lo hacían sus madres y abuelas o los antepasados explotados y que la introducción de cada nuevo invento diseñado para ahorrar tiempo, en realidad había aumentado la carga de trabajo del ama de casa. «Y no importa lo lejos que hayamos llegado, las tareas domésticas aún establecen los límites para el otro trabajo de las mujeres», contó a The New York Times apuntando a esa doble jornada de las mujeres y carga mental de la que tanto se habla ahora. »La carrera profesional de las mujeres está relacionada con las tareas del hogar y la crianza de los hijos. Los hombres hacen cosas que les interesan. Las mujeres escogen su trabajo teniendo en cuenta sus llamados ‘roles primarios'», apuntó la investigadora entonces.

Esa misma postura la defendió la socióloga Arlie H. Roschild en La doble jornada: Familias trabajadoras y la revolución del hogar, un estudio que lideró junto Anne Machung en los años setenta y ochenta con entrevistas a medio centenar de parejas para observar la brecha de ocio que había en las parejas heterosexuales. Ellas también trabajaban, pero se hacían cargo de la mayoría de responsabilidades en el hogar y del cuidado de sus integrantes, una situación que derivaba a tensiones, reproches, falta de deseo sexual y de sueño. También para vislumbrar cómo el progreso industrial del s. XX, con su idea de aliviar las tareas de la mujer en casa a través de la tecnología en realidad provocó que recayeran en ella llevarlas cabo. Así lo escenifica con esta anécdota en una de sus entrevistas: «Una mujer me contó: ‘Cuando le dije a mi marido que quería que él también se encargara de lavar la ropa, respondió: ‘Mejor la llevamos a una lavandería'».

Las cosas, cuatro décadas después, no parecen haber cambiado mucho. El 11 de febrero de 2020, The New York Times informó que los hombres jóvenes, al igual que los ancianos, «todavía no pasan el aspirador». Una nueva encuesta de Gallup descubrió que «entre las parejas del sexo opuesto, las personas de entre 18 y 34 años no tenían más probabilidades que las parejas mayores de dividir la mayoría de las tareas domésticas de manera equitativa». Y en España, no parece que vaya a mejor. El estudio ¿Quién se encarga de las tareas domésticas en el hogar? probó hace unos meses que las españolas siguen siendo las principales responsables de la limpieza de la casa. El aspirador, hoy en día, tiene género adjudicado dentro del hogar.

El engaño del tiempo libre


«¿Por qué cuando hablamos de economía digital pensamos en programas de reconocimiento facial y no en una aspiradora?», se pregunta Eudald Espluga en el reciente No seas tú mismo: apuntes para una generación fatigada (Paidós, 2021). En sus páginas, el filósofo y periodista recuerda que la invasión de la tecnología en las tareas domésticas también se utiliza «para reafirmar la división sexual del trabajo» y asegura que la domótica también sirve para aumentar la producción antes que para reducir el tiempo que se dedica a los quehaceres domésticos.

«Cuando las lavadoras y los lavavajillas llegaron a los hogares, algunos sociólogos hablaron de la ‘revolución del ocio’ y el fin del trabajo doméstico», escribe Espluga, que explica que con la introducción del pequeño doméstico se suponía que la automatización de este tipo de tareas supuestamente permitiría reducir el tiempo que las mujeres dedicaban a estas labores, pero sucedió justamente lo contrario. «Lejos de liberar a las trabajadoras domésticas, la industrialización del hogar trajo consigo un cambio de expectativas sobre el trabajo de reproducción: ahora la dedicación a la casa se interpretaba como una expresión del afecto por la familia». Esta mecanización, movida por el afecto, dio pie a nuevas tareas que, «si bien no resultaban tan exigentes físicamente como la tina de la colada o pasarse media hora lavando platos y ollas, también exigían largas jornadas de trabajo», añade.

Una división del trabajo que se acentúa con la llegada del hogar digital: «Es fácil imaginar que la llegada de las neveras con wifi no solo no disminuirá el agotamiento y las exigencias diarias, sino que la presión por estar disponibles y cuidando de la casa incrementará exponencialmente, en tanto las trabajadoras domésticas estarán conectadas al hogar incluso cuando no estén en él».

Sobre la problemática relación de hacer «por amor» las tareas domésticas, o de pasar una aspiradora que precisamente no pueden costearse todas las mujeres, la académica Sophie Lewis escribía recientemente que «el hecho de que el cuidado de una casa bajo el capitalismo a menudo sea una expresión de deseo amoroso, mientras que al mismo tiempo es un trabajo que ahoga la vida, es precisamente el problema». Ya lo advertía la socióloga Judy Wajcman en Tecnofeminismo, cuando hablaba del falso espejismo de libertad femenina que nos da el robot aspiradora: «Hasta los futuristas más visionarios nos ven viviendo en hogares que, en términos más sociales que tecnológicos, se pare­cen a los hogares de hoy en día. El esfuerzo de diseño se centra en un predicamento tecno­lógico más que en la previsión de cambios sociales que permitirían percibir una asignación menos genérica del trabajo doméstico y un mayor equilibrio entre los tiempos de trabajo profesional y de dedicación a la familia. Es po­sible que la casa conectada tenga mucho que ofrecer, pero la democracia en la cocina no forma parte del paquete».


LECTURA DE LA SEMANA 

Del 8 al 12 de noviembre del 2021

Actividades:

1) Leer con reflexión y crítica el texto de Ainhoa Campos. 

2) Escribir en su cuaderno las ideas principales del texto. NO EL RESUMEN, las ideas principales.

3) Llevar las ideas principales del texto y sus inquietudes al aula la próxima semana.


    

LA BICICLETA Y LA EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES 

Al finales del siglo XIX, las mujeres se convirtieron en las usuarias más entusiastas de las nuevas bicicletas con pedales.

Ainhoa Campos Posada








Antes pensaba que lo peor que podía hacer una mujer era fumar, pero he cambiado de idea. Lo peor que he visto en mi vida es una  mujer montando en bicicleta". Así se manifestaba el 25 de julio de 1891 la corresponsal del Chicago Tribune en una pequeña columna en la que afirmaba que podría hacerle la vida imposible a su futura nuera si ésta demostraba la más mínima inclinación por el ciclismo; las pioneras de la bicicleta estaban empezando a causar una impresión abrumadora.

El camino de la bicicleta había sido largo. Los primeros modelos, desde 1817, consistían en una mera barra que unía dos ruedas. Alrededor de 1870 se le añadieron pedales, lo que aparte de permitir avanzar montado también aumentaba las posibilidades de salir indemne de la aventura. Estos "velocípedos", con la rueda delantera más grande que la trasera, fueron sustituidos por bicicletas con ruedas de igual tamaño y cadenas que transmitían la energía del pedal a la rueda trasera. Mucho más seguras, las bicicletas de principios de la Belle Époque empezaron a venderse a precios exorbitantes a aquellos que podían permitírselo.


Los manuales de comportamiento de la época dejaban muy claro que lo último que debía hacer una dama en la calle era llamar la atención


Las mujeres de clase alta fueron atreviéndose a montar en este nuevo invento, que ponía a su alcance la posibilidad de desplazarse con libertad y rapidez en un mundo que las condenaba al enclaustramiento en la vivienda familiar. Estas pioneras atraían todas las miradas, lo que ya de por sí era malo. Los manuales de comportamiento de la época dejaban muy claro que lo último que debía hacer una dama en la calle era llamar la atención de los viandantes. Andar deprisa era un signo de mala educación, lo mismo que hablar alto o mover los brazos lejos del cuerpo.


A MEDIADOS DEL SIGLO XIX, AMELIA BLOOMER INVENTÓ UNOS PANTALONES ANCHOS DE INSPIRACIÓN TURCA QUE ERAN PRÁCTICAMENTE UNA FALDA DIVIDIDA EN DOS. ESTOS BLOOMERS FUERON RECIBIDOS CON EL MÁS ABSOLUTO RECHAZO. ALGUNAS MUJERES CICLISTAS (COMO LA DE LA FOTO) DECIDIERON VESTIR ESTOS PANTALONES PARA PODER PEDALEAR CÓMODAMENTE, PERO LAS CRÍTICAS, E INCLUSO LAS AGRESIONES FÍSICAS, IMPIDIE





A MEDIADOS DEL SIGLO XIX, AMELIA BLOOMER INVENTÓ UNOS PANTALONES ANCHOS DE INSPIRACIÓN TURCA QUE ERAN PRÁCTICAMENTE UNA FALDA DIVIDIDA EN DOS. ESTOS BLOOMERS FUERON RECIBIDOS CON EL MÁS ABSOLUTO RECHAZO. ALGUNAS MUJERES CICLISTAS (COMO LA DE LA FOTO) DECIDIERON VESTIR ESTOS PANTALONES PARA PODER PEDALEAR CÓMODAMENTE, PERO LAS CRÍTICAS, E INCLUSO LAS AGRESIONES FÍSICAS, IMPIDIE





CICLISTAS EN UN PARQUE DE PARÍS, EL BOSQUE DE BOLONIA. ÓLEO POR JEAN BÉRAUD. 1899. POCO A POCO, LA IMAGEN DE LA MUJER EN BICICLETA FUE DEJANDO DE SER EXTRAÑA. CADA VEZ MÁS BARATAS, LAS BICICLETAS SE POPULARIZARON. SURGIERON MULTITUD DE CLUBES FEMENINOS QUE OFRECÍAN LA OPORTUNIDAD DE VIAJAR EN COMPAÑÍA Y EVITAR ASÍ EL ACOSO CALLEJERO.


ROMPIENDO ESQUEMAS

La mujer que montaba en bicicleta rompía las reglas establecidas sobre el comportamiento femenino y se convertía en una persona de dudosa moral. Un gran escándalo acompañó a las primeras ciclistas. A la londinense Emma Eades la recibían a pedradas; a otras muchas las insultaban y agredían. Por si fuera poco, los médicos de la época opinaban que el ciclismo era una actividad perjudicial para el organismo femenino, considerado más débil que el masculino. Montar en bicicleta, creían, podía causar esterilidad y trastornos nerviosos.

Pero estas pioneras no sólo se enfrentaron a los cimentados prejuicios de la época. Tuvieron delante un obstáculo aún mayor: la vestimenta femenina, compuesta por pesados vestidos (la ropa interior pesaba unos seis kilos) y apretados corsés con los que hacer el más mínimo ejercicio sin desmayarse era un prodigio.

Al rescate de las ciclistas vinieron los bloomers, unos pantalones muy anchos. Pero cuando algunas mujeres se atrevieron a vestirlos, el escándalo fue mayúsculo. Los sacerdotes dedicaron sermones a resaltar lo pecaminoso del asunto; a las profesoras francesas se les prohibió acudir con ellos a la escuela y a la aristócrata Lady Haberton se le impidió entrar, por llevar bloomers, en una cafetería donde pretendía beber algo antes de montar de nuevo en su bicicleta. La batalla por los pantalones estaba perdida, pero mientras tanto se había avanzado un largo trecho en la emancipación femenina.


LA POPULARIZACIÓN DE LA BICICLETA

Poco a poco, la imagen de la mujer en bicicleta fue dejando de ser extraña. Cada vez más baratas, las bicicletas se popularizaron. Surgieron multitud de clubes femeninos que ofrecían la oportunidad de viajar en compañía y evitar así el acoso callejero. Ejemplos como la vuelta al mundo en bicicleta de Annie Londonderry en 1895 cautivaron la imaginación de muchos y demostraron que las mujeres eran capaces de las mismas hazañas que los hombres. Mientras, la publicidad presentó el ciclismo como una actividad respetable. Ahora los médicos recomendaban montar en bicicleta, y los periodistas veían en la ciclista a la "nueva mujer". El género femenino conquistaba un nuevo terreno que antes le había estado vedado.

De hecho, el fenómeno se había vuelto tan popular que, a finales de la Belle Époque, una mujer soltera se quejaba de que ya no se podía ligar sin montar en bicicleta. Por mucho que ensanchara los horizontes de su género, a ella le molestaban sobremanera las incomodidades de este deporte. Nunca ha llovido a gusto de todos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Taller Semanal Segundo Ciencias

Taller Semanal Décimo

Taller Semanal Primero Electricidad